Relatos Cortos – 3. Meditación

Relatos Cortos 3. Meditación. (Versión Corta)

De retorno a su casa, Aldar reflexivo pensó, -Sí, esta noche practicaré meditación, y quedaré mañana ante Volthor  como un alumno aventajado.

Aquella noche Aldar se retiró a su dormitorio antes de lo habitual -¿Dónde vas Aldar? -preguntó Rhilda, su madre.

– Voy a acostarme, mañana he quedado temprano con Volthor tengo que llegar antes de la salida del sol.

– Más te valdría disfrutar del verano como hacen los demás muchachos de tu edad, en lugar de visitar a ese extraño viejo.

– Hasta mañana- pronunció en voz baja, y dirigiendo sus pasos al dormitorio se sumergió en su mundo.

Abrió la ventana de par en par, necesitaba energía fresca como Volthor le había enseñado, y cerrando los ojos se sentó en el suelo recostando su espalda erguida contra el colchón de su cama. No sabía muy bien en qué consistía eso de la meditación, pero intuía que algo interesante debía cocinarse en ese estado, pues veía una expresión diferente en los ojos de Volthor tras meditar.

¿Tal vez realizaba viajes a algún paraíso lleno de riquezas y mujeres hermosas? ¿Se reunía con sus antepasados fallecidos? ¿Simplemente se sumergía en un manantial de aguas límpidas entre cumbres nevadas y recuperaba así esa jovial vitalidad y sabiduría de que hacía gala? Sea lo que fuere, debía de ser algo extraordinario a juzgar por lo que mostraba Volthor cada vez que “regresaba” de sus meditaciones. Decidido y lleno de ilusión, cerró los ojos, posó leves sus manos en el regazo de su vientre y respirando lentamente comenzó a meditar.

Pasaron varios minutos y Aldar se atrevió a entreabrir un párpado de modo imperceptible, como si el mismísimo Volthor estuviese ante sus narices mirando lo que hacía. En su pensamiento rumiaba: «Esto no puede ser, aquí hay algo que no funciona, primero me he puesto furioso por el recuerdo de la discusión con mi madre, después he comenzado a preocuparme si mañana lo haré bien con Volthor, para terminar me he dado cuenta que hoy debía haber comenzado a guardar los troncos en la leñera, tendré que hacerlo al amanecer antes de ver a Volthor, ufff, eso me supone madrugar media hora más y si no descanso bien mañana no podré estar lúcido a sus explicaciones, quedaré como un imbécil».

Agitado Aldar decidió abrió sus ojos poniéndose de pie -¿Cómo demonios lo hace? Es tan sencillo en él, se le ve tan…¿en paz? Maldita sea, ¡dichosos pensamientos! ¡¡¡Marchaos ya!!! -Exclamó con cierta dosis de enfado.

– ¿Estás bien Aldar? ¿Qué estás haciendo? ¿Te ha entrado algún insecto a la habitación hijo? Te tengo dicho que cierres las ventanas al anochecer -Se escuchó de fondo en la voz de Rhilda.

Reflexivo pensó una respuesta: «Vaya, solo faltaba esto ahora. Si le digo que estoy meditando me dirá que para gritar mejor me marche al borde del río a chillar a las truchas, bajo el agua no pueden  oírme».

– Nada mamá, era una araña que estaba encima de la colcha- pronunció con el suficiente volumen de voz como para que su madre pudiera llegar a oírle.

Volvió a cerrar los ojos para intentarlo ahora en posición de pie. Volthor podía realizarlo prácticamente en cualquier lugar, siendo el único requisito que su maestro cumplía siempre, la postura: la espalda recta y el mentón erguido, apuntando al frente. No incomododándole la idoneidad del lugar, ni situación, clima o el estado de ánimo por el que pudiera estar atravesando.

En esta ocasión no abrió los ojos hasta pasados al menos una docena de minutos, pero el resultado era igual de desesperanzador: «¿Será esto meditar? ¿Serán las preocupaciones y los problemas que invaden la mente lo que veo en Volthor cuando abre sus ojos? Tengo que ver mis ojos».

– ¿Donde vas ahora? ¿No tenías tanto sueño? Vas a despertar a tu padre con tanto grito y trajín y sabes que él madruga aún más que tú.

–  Lo siento mamá, mmm, ¡olvidé cepillarme los dientes!

Dentro del baño acercó sus ojos al espejo y tras mirarse varias veces de cerca y de lejos, pronunció:

– Nada que ver, esta cara y estos ojos no tienen que ver nada con lo que muestra Volthor cuando termina de meditar. En él parece que las ninfas del paraíso le han dicho que sí mientras le llenan de regalos y manjares. Mi cara ahora… parece que he comido pepinos en vinagre y me retuercen las tripas, ¡Maldita sea!

– ¡Aldar! ¡tu padre está acostado! ¿qué ocurre ahora?

Saliendo del baño, se acercó a su madre y le dijo, -mira madre, acabo de morderme la lengua.

– Hijo, te noto muy raro esta noche.

Derrotado, agachó su mentón y entornó los pasos hacia su habitación.

-Buenas noches madre, mañana madrugaré bastante.

Acostado ya en su lecho, un pensamiento asaltó su mente «¡Ya sé!, Volthor dijo que si no lo hacía bien podía volverme loco, doy fé que el malestar y la agitación que he sentido en mi cuerpo deben de estar bien cerca de alguna especie de locura, lo hice mal por eso mi resultado. Me calma, llegué a pensar que meditar era justamente sumergirse en un mundo de problemas y preocupaciones que te poseían como sirenas a los marineros de Ulises.

Pensando que al amanecer sus problemas con la meditación iban a quedar resueltos tan pronto como llegase a casa de Volthor, cerró sus ojos y comenzó su sueño…

Tom

Investigo y Trabajo en: Manoacupuntura Constitucional Coreana Qi Gong Médico Formador del Método Kenhso

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