Moldearnos como el Barro

Moldearnos como el Barro

Del barro surgimos y al barro volvemos. En realidad siempre somos barro, desde el día del nacimiento hasta el día de nuestra muerte… pero con diferentes grados de dureza.

Al nacer nuestro barro es muy maleable, tiene gran cantidad de agua y podemos realizar con él la obra que deseemos. En la adolescencia el barro está a punto de comenzar a secarse, lleva años evaporando agua y las grietas van a empezar a surgir temprano. Es el momento ideal para forjar el carácter.

Entonces podemos elegir darle forma redonda, cuadrada, ovalada, recta, curva o convexa. De ahí surgirá nuestro carácter. Pero debemos estar atentos, prestar atención al momento y darnos cuenta si se nos va al ovalo cuando realmente pretendíamos hacer un circulo, o viceversa.

Disponemos de poco tiempo, la adolescencia pasa rápido, aunque lo más complejo no es la carencia de tiempo, sino la inconsciencia propia de la edad la que nos hace pasar por alto los últimos instantes de nuestro barro blando. Qué importantes los padres en ese momento, unos padres conscientes que indiquen al hijo: ¡date forma!, aun puedes crear eso en lo que pretendes convertirte, estás a tiempo.

Porque poco tiempo después el barro se secará por completo, el carácter estará forjado y de él saldrán nuestros actos, de ellos el destino y de él la vida final. Si dejamos pasar de lado el momento dulce del barro aun blando y fresco, será ardua tarea después doblegar sus formas, tal vez imposible domarlas sin astillar sus bordes y romper sus formas para siempre.

Pero la vida tan generosa ella, hará que vengan nubes derramando su carga sobre nosotros y como por arte de magia volveremos a ablandarnos, si no como en la infancia, si lo suficiente como para torcer el destino forjando los rasgos que el barro blando permita de nuevo.

Esa lluvia que cae temporalmente son las situaciones cotidianas en las que sufrimos y perdemos. Es entonces cuando está cayendo la lluvia, es entonces cuando se ablanda el barro, cuando rotos del dolor miramos en otra dirección abriendo el corazón, y es entonces cuando podemos convertir el sufrimiento y la perdida en ganancia neta.

Estate atento, porque aun cuando tu infancia quede ya lejos, siempre las nubes seguirán derramando agua sobre tu cabeza. Siempre que acuda el dolor vendrá acompañado de la “lluvia” de la consciencia que ablandará tus formas. Tendrás de nuevo ocasión de moldear tu vida, para terminar obteniendo la belleza más divina: la del Ser.

Tom

Investigo y Trabajo en: Manoacupuntura Constitucional Coreana Qi Gong Médico Formador del Método Kenhso

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