La Semilla que Quisieron Enterrar


La Semilla que Quisieron Enterrar.

Todos llevamos dentro al nacer un pequeño germen, es la semilla de lo que debemos convertirnos gracias a la vida. Empezamos a crecer y la sociedad trata de aniquilarnos como seres individuales, todo está realizado para sepultar tu autenticidad, tu individualidad.

Nuestros hijos van a la escuela y cercenan en los pupitres sus trazos altos de letra y dibujo, porque el estereotipo reza que debe tener dimensiones determinadas o se sale de la norma. El cerebro se colapsa, su cerebro es creativo, no es lógico y racional, tiene dote para las artes, pero no puede expresar su genuinidad, no puede ser tal como es, entonces la semilla se detiene.

Dejan el pupitre y salen al patio, toca mover el cuerpo en educación física. O das once vueltas al patio en cinco minutos o no llegas al aprobado. El cuerpo se rebela, ¡esto es educación física! Deben enseñarme cómo se hace, yo soy veloz, pero no resistente, nadie me ha enseñado cómo debo hacerlo, deben educarme y darme pautas y si no las desarrollo entonces que me suspendan, pero así de pronto sin preparar un cuerpo no diseñado para ello.. once vueltas y si no suspendo…mi cuerpo no es resistente ¡es veloz!

Ya no solo se colapsa el cerebro, ahora también el cuerpo.

Llegamos a casa, nuestros padres discuten, no se dan cuenta que su hijo necesita atención, cuidados, alimento del alma. Los padres pasan a sus hijos sus programas inconscientes. El niño se encuentra desatendido mientras los padres no son conscientes para nada de este hecho.

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Agotados como están de trabajar todo el día para pagar una hipoteca abusiva. No solo eso, le llaman tonto porque ha suspendido en plástica y vago porque no corre como los demás. Se colapsa el alma.

Entre todos, la sociedad y la familia han matado al poeta, al artista, al ser genuino e irrepetible. Le han sepultado bajo los escombros de una sociedad enferma. Está enterrado.

Entonces se ahoga bajo tierra, intenta alcanzar unos brazos externos que le ayuden a salir, cree que es la única salvación, y como no los encuentra continua así toda su existencia, buscando un amarre externo para salir de la sepultura, sin conocer que el único sustento se encuentra en su interior.

Vivirá una vida sin pena ni gloria, otra vida más perdida.

Pero hay otro tipo de consciencia, como la de una flor llamada Lurina. Ella también está bajo tierra, sepultada, pero su diferencia reside en que siente que debe virar su mirada hacia sí, a su interior. Se compacta, se silencia y calla, no busca fuera y se refugia dentro. Encuentra el calor en su núcleo y un movimiento incesante que no para de rebosar, es su misión.

Se nutre y se consuela reordenando su ser en torno a sí misma, siente que en su interior todo crece, de una manera tal que no puede contener su ascenso y expansión, desde lo más profundo hacia lo exterior.

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Se abre paso en su sepultura, hay un patrón interno de sabiduría que le indica hacia dónde debe expandirse y crecer. Una mañana un brote verde se asoma entre el terruño, es ella, y ya toma el sol. No busca brazos que la extraigan, sino que se sostiene y se nutre desde sí. Al brote verde le sigue otro, y otro más, días después surge la flor, y al completar su desarrollo, la flor se transforma en fruto rojo, sabroso y dulce.

Se ha rebosado llenándose por sí sola, ahora se desparrama dando lo que es a los demás. Su vida ya es plena. Quisieron enterrarla en vida, pero no se dieron cuenta que ella era… una semilla de flor.

Tom

Investigo y Trabajo en: Manoacupuntura Constitucional Coreana Qi Gong Médico Formador del Método Kenhso

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