Cómo Educar a los Hijos

Sobre cómo educar a los hijos hay mucho escrito y hasta que no franqueamos la barrea no sólo de ser padres, sino de cometer múltiples errores, uno no se aproxima a cómo realizar esa misión.

No hay escuelas para padres, ni libros de texto, ni clases particulares para aprender a hacerlo, sin embargo todos debemos superar esta parte de nuestra viva diaria o veremos en nuestros hijos nuestros propios errores enmarcados en un halo de sufrimiento.

Ser padre es algo natural, por lo que no puede ser tan difícil realizarlo, a no ser que tome el mando nuestra mente con sus miedos, nuestras necesidades socioculturales, nuestros propios objetivos fallidos, e intentemos reflejar en nuestros hijos todo aquello que nosotros no hemos alcanzado a ser, con lo que estaríamos volando por los aires su propio sentido vital, pues haríamos de sus vidas una proyección de las nuestras. En una ocasión leí que los hijos deben de ser como flechas que lanzan al cielo los arcos de nuestros corazones, pero pocas veces permitimos que nuestros hijos se dejen llevar por el viento y sean libres de tal manera.

Tal vez por el miedo a que les ocurra algo, cuando en realidad la propia vida guía todos los acontecimientos cuando uno está en orden con ella. ¿Y qué necesita un niño para que cuando sea adulto esté en coherencia con la vida y su propósito?

En primer lugar sentirse protegido por sus padres ya desde el útero, por el amor de su madre, de este modo el niño crecerá espontáneamente de modo natural, como los animales “salvajes”. Posteriormente deberá obtener el permiso de la autoridad, su padre, para poder ser él mismo, poderse manifestar, expresar. Ser lo que quiere ser y sentir lo que quiere sentir. Por último deberemos saber tener paciencia para acompasarle, permitir sus ritmos vitales.

Cada uno de nosotros tiene una constitución y un diseño energético diferente, unos aprenden antes a controlar los esfínteres, otros se yerguen más lentamente, los más balbucean la palabra “amá” cerca de la docena de meses, ocurriendo igual con los adultos, cada uno tiene un ritmo cardíaco que es diferente del resto, cada cual tiene su ritmo, ahí está el saber acompasar.

Es vital que los padres y educadores sean conscientes de ir al ritmo de cada niño, pero en esta sociedad tan desorientada donde lo valioso es el objetivo, perdemos la guía vital que es la genuinidad del individuo, el poeta, el músico, el artista, el ser creativo y sensible que todos llevamos dentro con su propios necesidades y ritmo vital.

Protejamos, demos permiso y acompasemos a nuestros hijos, sólo de este modo podrán crecer en coherencia con lo que aquí han venido a ser, y cuando uno es lo que aquí ha venido a ser, la vida guiará sus pasos con total benevolencia.

“No se abre una flor con los dedos, sólo dale tu calor”.

 

LOTO ROJAS

Tom

Investigo y Trabajo en: Manoacupuntura Constitucional Coreana Qi Gong Médico Formador del Método Kenhso


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